from Colmillo Molido / Pulverized Canine by Estela Lamat

Ella: (Tiene 98 años, vive en un valle con los ojos puestos sobre su rosario, tiene un absceso en el ano, la vejez no la deja ni cagar tranquila. Tiene 98 años y un par de hijos, ella le dice al cura: no me diga a mí cómo rezar el rosario yo no le digo a usted cómo hacer su misa. Vive en un valle, no hay nadie en su casa, una mujer gorda y fea la cuida hasta las 5 de la tarde, ella no sabe si usa ropa limpia o sucia, ella no sabe si su ropa está en su cuerpo o sobre la cama. Su hija la visita, ella sigue aferrada al rosario, pregunta por su otra hija, está muerta responde la hija de los ojos verdes, la hija de los ojos azules murió a las orillas de un camión de carga, borracha en sus ojos azules.
La hija le dice que su hija ha muerto, ella tiene 98 años y responde, no somos de este mundo.)

Ahora me nace una espora algo aun no se termina de morir en la página Decidí una muerte segura oculta entre el sentido obvio de la página y la amargura negra de mi sangre En el recinto que le dedico a las flores del jarrón en el lugar donde las mujeres se persignan con sus cruces en la mitad gozosa de la noche y sus misterios me entierro con la nariz hacia fuera percibiendo el aire negro y helado de la noche percibiendo la hendidura astral de una mañana me parece que oigo el rugido de un motor sin alas y se muy bien que es el pájaro de la noche me vienen a visitar los fantasmas de mi cuerpo los huesos me saludan haciéndome muecas de desgracia mi ombligo me mira a los ojos y me transmite por ultima vez la magia de un descuido algo que cabe entre mi puño y mi madre me dice que no hay remedio en la noche que solo me toca morir que de mis huesos ni siquiera saldrán gusanos que de mis huesos no saldrá ninguna larva blanca y escurridiza solo una mariposa albina sin ojos ciega de tanto calcio tragado a la fuerza para que no se me murieran los huesos como se me mueren ahora

Yo decidí muchas cosas antes de que llegara la mañana yo decidí muchas cosas que ahora se pierden como un dibujo de Lucebert con las rodillas en la tierra granulosa y las heridas en los ojos igualmente siniestras

Claro que sí la sangre siempre me resultó dolorosa nunca me fue fácil transitar entre las calles siempre tuve miedo de los semáforos en flor siempre pensé que no habían mujeres en el infierno mi abuela me decía las niñas inteligentes jamás serán amadas y preferí que nadie me quisiera pero amé mi cabeza llena de dudas amé el relámpago azul en mis ojos negros y me quedé sola en la mitad de mi casa tirándole piedras a mi ventana a ver si algún semáforo daba rojo solo para mí

*

She: (She’s 98 years old and lives in a valley with her eyes transfixed on her rosary, she has an abcess on her anus, old age doesn’t even let her shit in peace. She’s 98 years old and has a couple of kids. She says to her priest: don’t tell me how to count my rosary I don’t tell you how to hold mass. She lives in a valley in an empty house; a fat and ugly woman takes care of her until five in the afternoon. She doesn’t know if her clothes are clean or dirty; she doesn’t know if her clothes are on her body or on her bed. Her daughter comes to visit her, she clings to her rosary, she asks about the other daughter. She’s dead, replies her green-eyed daughter; the blue-eyed daughter died by the shores of a tractor trailer, drunk in her own blue eyes. The daughter says that her daughter has died. She’s 98 years old and answers, we are not of this world.)

Now a spore buds from my body something has not yet finished dying on the page I decided on a safe death concealed between the obvious sense of the page and the black sorrow of my blood In the enclosed space that I dedicate to the flowers in the vase in the place where women cross themselves in the joyful half of the night and its mysteries I bury myself with my nose sticking aboveground perceiving the black and frigid air of the night perceiving the astral cleft of the morning I seem to hear the roar of a wingless motor and I know quite well that it’s a nightingale the ghosts of my body come to visit me my bones greet me making grimaces of disgrace my navel gazes into my eyes and transmits to me for the final time the magic of happenstance something that fits within my fist and my mother tells me that there’s no remedy at night that it’s only my turn to die that not even worms will come out of my bones not even a white and slippery larva only an albino butterfly with eyes blinded from being force-fed so much calcium so that my bones don’t die on me as they are dying now

I decided many things before sunrise I decided many things that are now lost like a Lucebert drawing with my knees on the gravelled earth and the wounds on my eyes which are equally sinister

Of course blood always seemed painful to me it was never easy for me to pass through the streets I was always scared of the traffic lights in bloom I always thought that there were no women in hell my grandmother told me that smart girls will never be loved and I preferred that no one love me but I loved my head full of doubts I loved the blue lightning in my black eyes and I stayed alone in the middle of my house throwing stones at my window to see if some traffic light would turn red just for me

~ by Michael Leong on August 7, 2009.

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